Cómo contar cuentos infantiles en casa

¿Te has visto alguna vez en la necesidad de contarle un cuento a un niño o niña? Si eres mamá o papá, probablemente sí. También si tienes pequeñitos en la familia, ya sea si eres tía, tío, si tienes hermanos menores o sobre todo si eres abuelo/abuela. Aunque en este último caso suelen ser expertos en contar historias 😉

Anteriormente publicamos un artículo llamado Cómo implementar un espacio para la lectura en casa. Te sugerimos leerlo ya que hay recomendaciones que aplican en este caso.

En este artículo te haremos algunas sugerencias para que mejores la técnica y de esa forma los niños y niñas estén más atentos y disfruten al máximo de la experiencia.

1.- Lo primero que tienes que saber es que no es necesario que te sepas el cuento de memoria. De hecho los narradores orales experimentados cuentan los mismos cuentos una y otra vez, y nunca les salen igual. Eso es porque el narrador va adaptando la historia al público, agregando y quitando elementos según va recibiendo retroalimentación.

Lo que sí importa es que conozcas el cuento y sobre todo la estructura, es decir:

  • En qué consiste la introducción
  • Qué eventos importantes ocurren en el desarrollo
  • Cómo se genera el clímax
  • Cómo se resuelve el relato.

2.- El libro o cuento debe ser apropiado para la edad del público; si lees un cuento para pequeñitos de tres años a uno de siete se va a aburrir. Por otro lado, si le cuentas un cuento complejo a un niño de cinco años se va a perder y a desconcentrar a los pocos minutos. Justamente por esto es conveniente elegir el cuento juntos o mejor aún, que derechamente lo elija el niño/niña.

3.- Cuando estés contando o leyendo, asegúrate de hacer un uso apropiado de la voz. Si el tono de voz es monótono, la audiencia se aburrirá rápidamente. Lo mejor es usar pausas, variaciones en el tono y velocidad de la voz, adaptándola de acuerdo a los sucesos que van ocurriendo a través de la historia.

4.- Es importante recoger la retroalimentación del público y hacer lo posible por integrar esa información al relato, ya que de esa forma los pequeñitos se sentirán más parte del cuento.

Recuerdo una vez que estaba contando un cuento en la Biblioteca Infantil de San Miguel y un niño intervino declarando su intención de que en el cuento hubiera un cerdito. Un minuto después intervino nuevamente pidiendo el cerdito, y si bien el cuento no lo contemplaba, lo incluí debido a su interés. Como resultado, participó activamente como cerdito y el cuento salió muy divertido.

5.- Los niños y niñas pueden tener razón de forma independiente de la edad que tengan. A veces me ha pasado que los pequeñitos han advertido un conflicto de valores en el cuento, como por ejemplo que un zorro mintió y que por lo tanto debe disculparse. Ante tal cosa uno debe pensar rápidamente y si corresponde – como en este caso – el zorro tiene que pedir perdón.

6.- En el ámbito escolar, al final de la lectura o de la narración se realizarían algunas preguntas de comprensión lectora. Los encargados de la actividad son libres de hacerlo, aunque desde ya advertimos que eso podría ir en contra de lo que animamos a hacer: disfrutar de la lectura en un ambiente informal. En vez de eso sugerimos propiciar una conversación inteligente, de complejidad creciente y según el desarrollo de cada persona o grupo lector. Muchas veces se suele menospreciar la capacidad de análisis de los niños, considerando que no van a ser capaces de analizar una obra literaria. Nosotros recomendamos totalmente lo contrario y generar un espacio de discusión abierto.

Algunas preguntas podrían ser las siguientes:

  • ¿Qué te pareció el cuento? Te gustó/no te gustó y cuáles son las razones para ello.
  • ¿Qué te pareció la actitud de <tal personaje> cuando le sucedió <tal cosa>? ¿Qué hubieras hecho tú?
  • ¿Observaste algún patrón en el relato, ya sea en forma escrita o gráfica a través de las ilustraciones?
  • ¿Qué mensaje crees que nos quiere transmitir el autor?

Hay que considerar que cada lector aplica su propia experiencia a los textos que lee, por lo cual probablemente no haya una sola lectura apropiada, sino que pueden existir varias. Es importante ofrecer esa libertad para que los niños y niñas sientan que no tienen que dar una respuesta correcta (como sucede en la escuela), sino que cada uno tiene su propia visión al respecto, y que juntos podemos crear un panorama más amplio y rico.

7.- Hazlo mágico, tal como sucedía como cuando escuchábamos a nuestros abuelos contar un cuento de forma magistral. Si tocas algún instrumento musical, musicaliza los cuentos. O canta una estrofa en algunas partes del cuento. Si no tienes muchas habilidades para la música, puedes valerte de cualquier instrumento simple y hacer sonidos, ya sea con un palo de lluvia, un cascabel, una radiografía para haer sonidos de truenos y relámpagos, o incluso soplando una zampoña sin necesidad de tocar una canción completa.

8.- Al final incluye actividades o información anexas. Cuando son pequeñitos, de tres a cinco años, podemos pedirles que coloreen y/o dibujen a uno o más personajes del cuento. A medida en que van creciendo podemos incluir información de interés, por ejemplo alguna película que haya salido a raíz del libro, canción, u otros libros que sean parte de una serie.

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Escritor de literatura infantil y de cuentos para niños grandes. Emprendedor, meditador e Ingeniero electrónico. Viajero cósmico y enamorado de la vida.

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